PENSAR EN MALVINAS

Es pensar en ese pedacito de cielo que nos pertenece.
Es sentir que no existe distancia, ni poder, que pueda nos aparte de Ellas.
Es creer, que se acerca el día en que los hombres, no utilizarán las fuerza y el poder de las armas para avasallar los derechos de soberanía de cada nación.
Es desear que el Supremo Creador proteja eternamente a las Malvinas de la esclavitud imperialista.
Es como irse de la casa paterna, pero estar volviendo siempre, por que los hijos nunca se van del todo.
Es recordar que sin medir consecuencias, nuestros muchachos casi niños, abandonando la paz familiar de sus hogares, la cotidianeidad de su trabajo, su escuela, la ilusión de su amor adolescente...marcharon en cumplimiento de su "deber".
En sus ojos, la mirada de un niño inquieto, que nada sabe y todo lo pregunta; en sus manos las armas tan frías, a las que se aferraban con fuerza y firmeza los que se sentían más seguros, y los otros sin saber porqué; pero en todos ellos el coraje brotaba de sus corazones encendidos, con la llama eterna, que sólo conocen los que enfrentan con pasión el desafío de luchar por un ideal sublime...
...Y aquí quedamos nosotros el pueblo, también confiados y esperando su glorioso regreso, sin conocer ciertamente cual era aquel desafío.
Nada sabíamos del enemigo.
Poco a poco nos fuimos enterando. Supimos de su gente preparada de generación en generación para la guerra. Conocimos entonces sus sofisticadas armas y su idiosincracia formada en cuarteles bajo estricta disciplina militar, con tácticas de ataque y defensa para enfrentarse en la guerra; tan diferente a la disciplina del servicio militar de nuestros chicos, donde lo que más les costaba era aprender a vivir alejados de la calidez hogareña.
Y aquí quedamos las madres.
Las madres que no entendemos de armas, de cañones, ni de guerra.
Las madres que traemos hijos al mundo, para que vivan con amor y a los cuales esperamos verlos crecer para convenrtirse en hombres de bien, bendecidos con el nacimiento de sus propios hijos frutos del amor...que serán nuestros nietos.
Esa es nuestra mayor ambición, que con ellos puedan formar una familia; pero para que esto pueda suceder es necesario que subsistan en el mundo ciertos valores que no se pueden comprar ni reuniendo todas las riquezas del Universo...AMOR, PAZ Y MENTES CIVILIZADAS, capaces de discernir y dirimir los problemas sin pelear como animales por su presa e involucrarse en estériles enfrentamientos bélicos, que sólo provocan destrucción y odio.
Por eso las madres que nunca vieron regresar a sus hijos y el pueblo, que no supo del regreso de sus muchachos, nos unimos homenajeando la gesta heróica del 2 de abril de 1982, reafirmando la Soberanía de la Nación Argentina en Malvinas elevando una plegaria en memoria de los chicos de Malvinas, por saber enfrentar su destino de grandeza sin mezquindades, ofreciendo el don más preciado, su propia vida, dejando sus almas allí, bajo ese pedacito de cielo al que nunca podremos renunciar y recordando a tantos otros que "volvieron" mutilados en cuerpo y alma y que aún hoy no pueden borrar de su mente el horror de la guerra.
Por eso cuando pienso en Malvinas mi corazón se acelera y late fuertemente, pleno de emoción y no puedo evitar este sentimiento de inmensa tristeza, ni las lágrimas que ruedan por mis ojos.
Elena.